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Los lugares más escalofriantes de la CDMX:
El Palacio Negro de Lecumberri

04 de Octubre del 2016

Como una metrópolis que se respeta la CDMX no tiene escasez de lugares terroríficos, sitios donde, ya sea por mito, mentira o leyenda nos espanta hasta el aire que respiramos. Las historias de estos íconos urbanos han pasado de boca en boca por generaciones y hoy los conocemos como embrujados, pero, ¿cuál es su verdadera historia?

A través del mes de octubre estaremos contándoles la historia de cinco sitios diferentes donde sacarse un buen susto es pan de cada día. Hoy, el Palacio de Lecumberri.



El Palacio de Lecumberri está ubicado a espaldas del Palacio Legislativo de San Lázaro, en la Ciudad de México. Fue creado por órdenes de Porfirio Díaz como una cárcel y su construcción inició el 9 de mayo de 1885 para después ser inaugurado por él mismo el 29 de septiembre de 1900.

Fue una cárcel que debía albergar 740 reos, pero, como suele pasar en México, se salió de control y llegó a tener hasta 5 mil prisioneros. Según se dice dormían más de 15 personas por celda, lo que los obligaba a dormir parados o incluso amarrados a la pared. El recinto incluso vio algunas celebridades que caminaron sus pasillos como Pancho Villa, David Alfaro Siqueiros y Alberto Aguilera Valadez (Juan Gabriel).

Las historias de terror iniciaron cuando los mismos reos platicaban a su familia el “infierno” que vivían ahí pues experimentaban torturas, desapariciones y asesinatos. Según se dice, estos sucesos no cesaron cuando la cárcel cerró, pues la gente asegura que el sitio está lleno de almas en pena, que entre sus paredes aún se puede sentir ese aire de intranquilidad.



Por los últimos 20 años han habido diferentes declaraciones de vecinos y trabajadores del sitio que hablan sobre apariciones paranormales. Incluso se menciona la aparición de un Charro Negro en el auditorio del Palacio. Se escuchan gritos, lamentos, ruidos extraños y en específico un suspiro que varios visitantes del lugar han escuchado "Otra vez no vino mi Amelia".

En 1976 Luis Echeverría lo retiró del servicio de Penitenciaría de la Ciudad de México y en 1977 José López Portillo empezó su transformación a Archivo General de la Nación, inaugurado en 1982, mismo uso que se la da hasta el día de hoy.