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Primero lo primero

Por: Miguel Rivera Dávila / Foto: Lalo Chaparro

"No puedo creer que pisaré Arizona y no visitaré el Gran Cañón", pensé. En menos de dos horas después de aterrizar en Phoenix, y hasta el momento de regresar a casa 6 días después, surqué entre vino, cerveza artesanal, hamburguesas memorables, purísimo aceite de oliva y un monumental café con chiltepín. Las maravillas naturales del estado de piedras rojas siempre estarán ahí, como han estado miles de años; el movimiento culinario que hoy enaltece Arizona hay que atraparlo inmediatamente. El Gran Cañón puede esperar.

FOMO (fear of missing out)

Debe ser el hecho de que hace poco sobrepasé los 30 años de edad, pero estar en Tempe me da rabia (de la buena). Se siente como si uno estuviera inmerso en una película coming of age como Pretty in Pink o Rudy, y naturalmente, se extraña lo que uno nunca tuvo. La oferta gastronómica, por supuesto, va acorde: cerveza de barril, hamburguesas que deberían medirse en metros, no pulgadas, y postres obcenos con los que uno sueña y que sólo se pueden quemar con el acelerado metabolismo del clásico universitario americano.

Pedal House Brewery, Tempe, AZ.

Ruta 66

Pareciera que los altos creativos de Pixar pasaron un buen tiempo en Cottonwood para inspirarse y crear Cars. La gasolinera abandonada, los tractores oxidados y las tiendas de antigüedades resultan muy familiares. La sorpresa llega cuando el mejor mac and cheese de tu vida viene pintado de rosa (por el polvo de granada) y lo acompañas con un vino tinto tan elegante y delicado que no pareciera haber sido creado en los viñedos Merkin, propiedad de Maynard James Keenan, vocalista de la banda de metal Tool.

Merkin Vineyards Osteria, Cottonwood, AZ.

Mal del puerco

Si en México tuviéramos la cultura de servir desayunos todo el día, ¿tendríamos pogreso? Pienso que no. En Flagstaff no parece afectarles. Tourist Home Cafe sirve esponjosísimo pan francés bañado en maple, burritos de desayuno (con aguacate y chorizo por supuesto), y huevos con filete de apertura a cierre. No hay que dejar de mencionar que aquí comimos la mejor hamburguesa del viaje, pero pancakes con plátano y nueces garapiñadas a las 6 pm... imagínenlo.

Tourist Home All Day Cafe, Flagstaff AZ.

Segunda oportunidad

El dueño de Mother Road Brewing Co., Michael Marquess, cuenta que su esposa lo amenazó con divorciarlo si no empezaba a disfrutar, aunque fuera un poco, su vida. Mike, con todo el miedo que puede traer renunciar a un trabajo que aunque odias, es estable, decidió abrir una cervecería. Hoy, con un staff de más de 30 personas Michael y Alissa siguen juntos y sirven deliciosa cerveza, bien fría. A él no le gusta salir en fotografías, no es lo suyo esto de las relaciones públicas. Sabe que es parte del trabajo.

Mother Road Brewing Co., Flagsatff, AZ.

Nuevos Clásicos

Siempre he pensado que la idea de un diner va contra el concepto de comida fresca: puede que sea delicioso, pero no se trata exactamente de recetas únicas y productos locales. En Welcome Diner me prueban equivocado, su esfuerzo farm to table adaptado a la oferta de un merendero de los 50' resulta refrescante, todos los ingredientes son cercanos y se nota. Tip: no está en el menú, pero hacen un pozole que parece mexicano, me enteré de esto hasta después del postre y aún así lo devoré: #noregrets.

Welcome Diner, Tucson, AZ.

Oro líquido

Resulta que hay un poco de Italia en Mesa. El olivo que cosechan en Queen Creek Olive Mill es un tributo al Mediterráneo. Ahora, sería un error pensar que todo lo que hacen aquí es aceite, ¿quién hubiera pensado que ese ingrediente base podía resultar en toda una línea de productos de spa y en los mejores cupcakes que he comido? En lo que parece un auténtico oasis en medio del desierto, se antoja sacar el mantel a cuadros e improvisarse un picnic a todo el estilo de la Toscana.

Queen Creek Olive Mill, Mesa, AZ.

De vuelta a la escuela

¿Quién diría que un estadounidense residente de Tucson me daría clases de mezcal y chile? En Exo Coffee, además de extraordinarias galletas y desayunos, sirven un café frío infusionado con chiltepín, pero el tributo no para ahí. Doug y Amy Smith, propietarios, son aficionados de los espirituosos mexicanos, así como del cacao azteca y el picante nacional. Qué extraña y refrescante sensación, considerando la época que vivimos, que uno aprenda tanto de México y nuestros ingredientes de la boca de un vecino del norte. Doug, en perfecto español, también nos habla del sotol y de la importancia de avanzar juntos hacia el futuro.

Exo Coffee, Tucson, AZ.

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